Los aceites de semillas llevan tiempo siendo señalados como los grandes villanos de la nutrición moderna, pero la evidencia no respalda ese alarmismo simplista. El problema no está tanto en el aceite de girasol, soja o maíz en sí, sino en el contexto en el que suelen consumirse: ultraprocesados, frituras reutilizadas y dietas de baja calidad.

