No aportan calorías, así que no pueden hacer ganar peso. Explicamos el origen real del mito —unos jarabes antiguos que llevaban algo más que vitaminas— y lo que sí es cierto: corregir una carencia puede devolver un apetito perdido.
No aportan calorías, así que no pueden hacer ganar peso. Explicamos el origen real del mito —unos jarabes antiguos que llevaban algo más que vitaminas— y lo que sí es cierto: corregir una carencia puede devolver un apetito perdido.
Dormir poco no solo aumenta el cansancio: también puede alterar la regulación del apetito. La restricción de sueño se relaciona con cambios en señales como la grelina y la leptina, más hambre, peor saciedad y mayor tendencia a buscar alimentos densos en energía.
FGF21 es una hormona metabólica especialmente relevante en la adaptación al ayuno, al estrés nutricional y, sobre todo, a la restricción proteica. Su papel en gasto energético, apetito, metabolismo y longevidad la ha convertido en una de las señales más interesantes del campo de la nutrición, aunque su interpretación exige contexto y no justifica simplificaciones sobre ayuno o baja proteína.