No aportan calorías, así que no pueden hacer ganar peso. Explicamos el origen real del mito —unos jarabes antiguos que llevaban algo más que vitaminas— y lo que sí es cierto: corregir una carencia puede devolver un apetito perdido.
No aportan calorías, así que no pueden hacer ganar peso. Explicamos el origen real del mito —unos jarabes antiguos que llevaban algo más que vitaminas— y lo que sí es cierto: corregir una carencia puede devolver un apetito perdido.
Su nombre significa «de todas partes» y no es casualidad: está en prácticamente todos los alimentos. Explicamos por qué forma la coenzima A, el cruce donde confluyen los tres macronutrientes, y qué se puede afirmar de verdad sobre la vitamina B5 y el acné.
La tiamina es la pieza que permite que la glucosa entre en la mitocondria: sin ella el combustible está dentro y la cerradura no abre. Repasamos sus cuatro funciones reconocidas, por qué el refinado de cereales la elimina y por qué sus necesidades acompañan a tu ingesta de hidratos.
La B6 es la vitamina del metabolismo de las proteínas, con nueve funciones reconocidas. Y es la única hidrosoluble con un límite máximo de ingesta establecido, lo que la convierte en la que hay que sumar si tomas varios suplementos a la vez.
Son ocho, no doce, y los números que faltan tienen una explicación histórica. Repasamos para qué sirve cada una, qué las une, quién tiene riesgo real de que le falte alguna y por qué tiene más sentido tomarlas juntas que aisladas.
La riboflavina tiene nueve funciones reconocidas oficialmente, más que casi cualquier otra vitamina. Explicamos qué hace realmente en el metabolismo energético, su vínculo poco conocido con el hierro, y por qué es la responsable del amarillo fluorescente de la orina.